La dama de las camelias.

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LA DAMA DE LAS CAMELIAS (1921). Camille es una cortesana de París que cae profundamente enamorada de un joven, Armand Duval. Cuando el padre de Armand le pide a Camille que no arruine el prometedor futuro de su hijo casándose con él, ésta acepta y abandona a su amante… (FILMAFFINITY)

La semana pasada tuve la suerte de asistir a un pase de cine mudo que se hace de forma periódica en la Fundación Juan March. Tenía un poco de miedo a que no me gustara, me costara meterme en la película, que la falta de diálogos fuera un impedimento para disfrutar de ella…Pero cuando terminó estaba muy sorprendida. No sólo me había gustado, me había emocionado profundamente.

Es una manera totalmente distinta de ver cine, para nada estamos acostumbrados a ella. Maquillajes desmesurados, decorados muy llamativos, expresiones exageradas de la cara y el cuerpo…todo para dar vida a una película en un momento en el que el cine llevaba a penas dos décadas existiendo. Las películas de antes tienen otra forma y otro ritmo. Antes no había prisa, no tenía que pasar todo ya. Se recreaban en los personajes, en los sentimientos y en las relaciones entre ellos. Ahora es todo mucho más inmediato, más rápido, más recargado, imágenes, sonidos, diálogos… Una vez más, el cine es un reflejo de la realidad, de la vida que llevamos y que de alguna manera queremos: la inmediatez por encima del disfrute y la recreación pausada.

Por otro lado, una de las cosas que me dejaron la película es la seguridad, una vez más, de que cuando nuestra vida aquí termine, lo que nos llevaremos no es la cantidad de cosas que hayamos acumulado, ni lo grande y bonita que sea nuestra casa. Ni siquiera todo lo que hayamos ido adquiriendo con los años y que en su momento nos pareciera tan imprescindible. Al final, lo que nos llevaremos será lo que hayamos guardado en nuestra memoria, en nuestro recuerdo. Todos esos momentos que nos hayan tocado el corazón, que nos hayan estremecido y en los que nos hemos sentido felices. Momentos con la familia y los amigos, o incluso estando solos pero que nos han llenado por dentro. (Ya sabeis, los momentos cucos 🙂 ).

Me gustaría retener esto y vivir siempre según esta certeza. Muchas veces nos dejamos llevar por la situación, por las personas, por un mal momento en el trabajo o con nuestra pareja y de golpe se nos olvida todo lo anterior. Así que voy a repetirmelo si es necesario cada día, incluso varias veces, para que no se me vuelva a olvidar 🙂

Hasta la semana que viene.

Carpe diem ★

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