Empatía: ponerse en la piel del otro.

MEJOR IMPOSIBLE (1997). Melvin Udall (Jack Nicholson), un escritor maniático que padece un trastorno obsesivo-compulsivo, es el ser más desagradable y desagradecido que uno pueda tener como vecino en Nueva York. Entre sus rutinas está la de comer todos los días en una cafetería, donde le sirve Carol Connelly (Helen Hunt), camarera y madre soltera. Simon Nye (Greg Kinnear), un artista gay que vive en el apartamento contiguo al de Melvin, sufre constantemente su homofobia. De repente, un buen día, Melvin tiene que hacerse cargo de un pequeño perro aunque detesta los animales. La compañía del animal contribuirá a suavizar su carácter. (FILMAFFINITY)

Hoy hablamos de empatía. Esta palabra está muy de moda, pero la realidad es que por desgracia la usamos muy poco. En Mejor Imposible, Melvin que sufre un trastorno obsesivo complusivo, no muestra ni la más mínima empatía ni respeto por las emociones y sentimientos de los demás. Únicamente piensa en su bienestar y beneficio y no le interesa para nada lo que puedan pensar los demás.

No hace falta llegar al punto de Melvin para demostrar que nos falta empatía. En el día a día muchas veces juzgamos a los demás, no entendemos cómo pueden comportarse de una forma determinada, o por qué tienen los sentimientos que tienen. Muchas veces decimos “no lo entiendo, yo nunca habría hecho esto…” “debería comportarse de otra manera…””tendría que haberme llamado y como no lo ha hecho estoy muy enfadad@…”. Pero nunca nos paramos a pensar qué motivo ha llevado a la otra persona ha actuar así, a no haber llamado, o a no hacer exactamente lo que nosotros creemos que es lo correcto.

Porque la misma frase lo dice “yo nunca lo habría hecho…”. Tu no, pero eso no significa que otra persona pueda sentir o percibir las cosas de otra manera (por otra parte, si todos actuaramos y sintieramos lo mismo, sería un poco aburrido).

La empatía se trata precisamente de eso, de ponerte en la piel del otro, de intentar comprender lo que está sintiendo, aunque no lo compartamos. Y sobre todo, no juzgarle. Cuando intentamos entender la postura del otro (aunque repito, no la compartamos) conectamos. La otra persona se siente escuchada y valorada y se estrechan los lazos. Cuando tratamos a alguien con falta de empatía lo más posible es que se aleje de nosotros, o como mínimo que no vuelva a compartir sus emociones. Cuando una persona se siente continuamente juzgada siente un gran malestar, porque al final, a todos nos gusta que nos comprendan, por muy raros o diferentes que sean nuestros sentimientos o nuestra forma de ver el mundo.

Aprovecho para contaros que me marcho unas semanas de vacaciones. Nos vemos a la vuelta 🙂

Carpe diem.

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