La punta del iceberg (Parte I)

 

LA PUNTA DEL ICEBERG (2016). Una gran empresa multinacional se ve sacudida por el suicidio de tres de sus empleados. Sofía Cuevas (Maribel Verdú), alto cargo de la compañía, es la encargada de realizar un informe interno para esclarecer los hechos. A traves de sus entrevistas con los empleados irá descubriendo abusos de poder, mentiras y la existencia de un ambiente laboral enfermizo. (FILMAFFINITY)

Hace unos días vi esta peli que por cierto me gustó bastante (muy recomendable). El tema es muy interesante así que he decidido dividirlo en dos post, relacionados pero distintos.

La película no está basada pero sí inspirada en hechos reales. Y lo cierto es que seguro que para muchos no es del todo lejano algunas prácticas de empresa como la presión, el miedo, el tratar con gritos u otras faltas de respeto a los empleados.

Antes de nada quiero aclarar que no voy a meter en el saco a todas las empresas, ni a todos los jefes ni mucho menos. Crear y llevar un negocio es algo muy complicado,  que conlleva mucha responsabilidad y si fuera tan fácil o tan bonito como a veces creemos, todos lo haríamos.

Pero últimamente (puede que sea efecto de la crisis) parece que las empresas (especialmente las grandes, como la de la peli) sólo se centran en producir y sacar el negocio adelante sin tener en cuenta a los trabajadores. Se les convierte en un número, sin nombre, sin vida ni sentimientos. Sólo interesa que sean lo más productivos posible. Pero con este modelo de empresa nos olvidamos de una cosa muy importante,  y es que numerosos estudios han demostrado que un trabajador feliz y motivado puede llegar a ser hasta un 80% más productivo.

Está claro que el fin de la empresa es tener un beneficio (sino no existiría y tampoco daría puestos de trabajo) pero lo que se está descuidando es la manera en la que se motiva a los trabajadores. En un momento de la película se habla de que si no se presiona al personal no se sale adelante y la empresa se va a pique. Que la función de los empleados es hacer su trabajo lo más rápido y eficazmente posible, porque al fin y al cabo para eso se les paga. Estoy de acuerdo con que a cada trabajador se le paga por eso, por hacer su trabajo y que esa es su principal función.

Pero creo que hay muchísimas formas de motivar a una persona, que le hagan sentir bien con su trabajo y sobre todo que le haga sentirse a gusto en su puesto de trabajo. Y una vez más los estudios en este campo dicen que no es una retribución monetaria lo que más motiva a un trabajador. A largo plazo hay otras cosas que nos hacen sentirnos bien en nuestro puesto de trabajo ( y que por tanto, nos van a hacer ser más productivos…).

Por ejemplo, el sentirse valorado. Recibir una felicitación por el trabajo bien hecho. Así como no ser culpabilizado cuando algo no sale bien. Sentirse escuchado, tener la libertad de poder dirigirse a un cargo superior y explicarle los impedimentos que encuentra en su día a día para realizar su trabajo, o si tiene un problema personal que pueda estar afectándole. Que se le demuestre empatía, que no se le juzgue porque haya hecho peor su trabajo o no haga las horas extra. Recibir pequeños incentivos por el trabajo bien hecho (días libres, cheque regalo, comisiones, etc.).

Estas son algunas de las cosas que varios expertos coinciden en señalar como imprescindibles para que el trabajador se sienta motivado en su puesto de trabajo. En principio no parecen especialmente complicadas de llevar a cabo, aunque no sé muy bien el motivo por el que cuesta tanto ponerlas en práctica. Puede ser por falta de tiempo, porque siempre hay otras cosas más urgentes que hacer. O porque siempre hay personas que se aprovechan de la buena voluntad de los demás, que cuando han confiado en ellos se han aprovechado de la situación y como dice el refrán “pagan justos por pecadores”.

En cualquier caso, creo que es un tema al que habría que darle unas cuantas vueltas, no sé qué opinais de esto y seguro que el puesto o trabajo que desempeñeis os hace tener una visión u otra. Lo que sí que creo es que deberíamos ir al trabajo lo más a gusto posible, porque allí pasamos la mayoría del tiempo. Y también es cierto que muchas veces somos nosotros mismos los que contribuimos a sentirnos amargados en el trabajo. Esto pasa cuando si de por sí el trabajo no es especialmente interesante, el ambiente en la empresa no es muy favorable, nosotros además nos recreamos en todo lo malo, lo negativo y lo horrible que tiene acudir todos los días allí. Esto  no nos sirve de nada, más bien al contrario. Siempre podemos poner el foco en lo positivo, en lo que me aporta, en la parte buena (que siempre la hay). Porque si de todas formas tengo que ir… ¿para qué recrearme en lo negativo? ¿me sirve de algo? Como hemos hablado otras veces el bienestar depende en última instancia de uno mismo, tenemos la capacidad (por suerte) de ser nosotros los que decidimos sobre nuestro estado de ánimo y no las circunstancias o las personas que nos rodean.

La semana que viene seguimos con el tema 🙂

Carpe diem.

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